El viaje salió demorado medía hora tarde de lo planeado. Siete en punto el motor se encendió para dar inicio al viaje que por varias semanas los estudiantes habían esperado. El camión rápidamente se llenó de risas y de un ambiente cordial y amigable. En la primera parte del camión, se encontraban los que reflejaban una actitud muy sobria y hasta cierto punto tranquila por el viaje. En la segunda parte, los estudiantes que no hacían más que escuchar música o ver cuidadosamente la primera de las dos películas que se proyectaron antes de llegar al destino. En la tercera y última parte, se encontraban los estudiantes que en buenos ratos del viaje no hicieron más que hablar de cosas triviales y burdas que llenaron el camión de risas.
La primera película proyectaba a un niño americano con el sueño de llegar a convertirse en un basquetbolista de la talla de Michael Jordan. No dejaban de ser las siete cuando la mayoría de los estudiantes reunidos en ese camión observaban con atención dicha película como si fuera una ganadora a los premios de la Academia.
Risas y burlas se dejaron oír de la parte final del camión en relación con la película de ese momento. Los estudiantes poco a poco fueron perdiendo el interés a ésta para darle paso a las bromas y a las conversaciones que no pararon si no hasta el fin de la proyección.
Las risas perdieron fuerza a menudo que la segunda película daba inicio. Una pareja frente a un consejo de adopción en los Estados Unidos darían su aprobación o no a la joven pareja de poder adoptar.
El camión se llenó de silencio, solo se escuchaba el motor y uno que otro estornudo de la primera parte del camión. El destino se encontraba cada vez más cerca, lo fue. O al menos eso pasó cuando poco antes de finalizar la película, Cecilia, la maestra y encargada del viaje, anunció que el destino se encontraba a pocos minutos.
El camión se detuvo y la película seguía sin dar un fin claro. Los estudiantes empezaron a acomodarse y preparar todo para salir del camión. Cuando la película por fin daba su cierre y empezaban a aparecer los créditos finales, los primeros alumnos empezaban ordenadamente a salir.
Una vez abajo, los jóvenes fueron ubicados en una zona especial en donde se les pondría en claro las cosas que no estarían permitidas dentro. Uno a uno los estudiantes fueron revisados y se les otorgaron cubre bocas y en unos casos plástico para los zapatos y así evitar alguna contaminación dentro.
Jenny, una mujer de no más 25 años y quien seria la guía y con quien además un grupo de jóvenes sostuvo una plática amigable, poco a poco fue llevando a los estudiantes dentro. Escasos metros antes de ingresar, a la derecha de una fila de 40 o 43 personas, se encontraba una imagen religiosa, la imagen de la virgen de Guadalupe, donde los trabajadores llevaban su fe antes del día laboral.
Antes de ingresar, el grupo de estudiantes fue advertido que por ninguna manera estaría permitido tocar algo o salir de la fila que seguiría la línea amarilla.
El grupo por fin se encontraba en el lugar tan ansiado desde hace ya varias semanas, el grupo BIMBO abría sus puertas para recibir a los estudiantes de la Facultad de Comunicación de la BUAP que observarían como se lleva a cabo la comunicación organizacional dentro de la empresa.
Con altavoz en mano y con una voz temblorosa, Jenny guió al grupo por BIMBO para conocer la producción tanto del pan blanco, medias noches, pan para hamburguesas; que para muchos resultó sorprendente saber la cantidad de pan que se elabora por minuto, además de donas y otra serie de panes que la empresa produce. El olor era duro, una combinación entre masa y mucha azúcar. El ruido de las máquinas trabajando era algo tan fuerte que apenas se dejaba escuchar el altavoz. Y el calor, algo parecido a estar en playa y sin poder cubrirte ni un poco por la sombra.
25 minutos fue lo que duró la visita dentro de la producción del pan. Un lapso muy corto a comparación de lo que los muchachos habían pasado en el camión hasta la Ciudad de México.
Poco a poco los estudiantes abandonaron el lugar, se despojaron de cubre bocas y los plásticos en los zapatos, además quien no faltó quien usara más de un cubre bocas para poder cubrir por completo la barba espesa.
Los estudiantes cansados y bañados en sudor recibieron la inesperada noticia que un miembro de la empresa BIMBO los recibiría para una plática y así poder conocer lo que la planificadora ofrece al mundo.
Los jóvenes fueron llevados a un pequeño auditorio, no más de 80 personas ocuparían un lugar allá dentro. Era un hombre cercano a los 60 años. Pocas canas en el cabello que algún día fue negro, Moreno, no más allá del 1.65 de altura, con voz madura y melodiosa para los presentes fue quien habló para darles la bienvenida armas de dedicarse a contar quien era él y su función dentro de BIMBO.
49 años dentro de la empresa pueden resultar muchos, para él, toda su vida. El hombre había dedicado casi medio siglo a una empresa que a su consideración es la mejor. Habló con los estudiantes de comunicación acerca de algunos problemas que pudieran suscitar en la empresa mexicana. Además dedicó su tiempo a contestar algunas otra preguntas de estudiantes de negocios de la universidad Anáhuac campus Puebla.
Al parecer fue muy corto el tiempo el que los estudiantes estuvieron escuchando con atención. El poco más de una hora habían volado entre pregunta y respuesta de los participantes. El grupo le brindó un aplauso y salió del lugar.
Otra sorpresa esperaría a los jóvenes, un nuevo recorrido. El grupo BIMBO recibiría a los estudiantes en Marinela para mostrarles otra área de la empresa.
Los jóvenes formaron una fila y cada uno de ellos recibió un paquete con donas, barritas y pan tostado. Luego de eso el grupo regresó al camión con mucho orden.
El camión se movió, avanzó poco a poco hasta llegar a otra parte de la empresa. Marinela esperaba al grupo de jóvenes ansiosos por conocer y ver la organización empresarial.
Una vez abajo los estudiantes, fueron recibidos por un guía que les acompañó hasta una sala donde ya estaban los estudiantes de la Anáhuac. Los jóvenes decidieron dejar que sus compañeras tomarán asiento y ellos pasaron a la parte final del lugar. Un lugar hecho de caramelo, al más puro estilo de Hansel & Gretel.
Ahí dentro, apareció un joven, blanco, de 1.70 de estatura, de nombre Javier. Quien amablemente dio la plática y la bienvenida al grupo BIMBO-Marinela. Proyecciones y una serie de preguntas se vieron, para más tarde darles a todos los jóvenes asistentes una dotación de galletas en ese recorrido.
Fotos, risas y bromas acompañaron a los estudiantes para su salida. Cada uno de ellos ocuparía su lugar en el camión, cuando las manecillas del reloj decían que eran las 3 de la tarde.
Los estudiantes una vez arriba, empezaron con cantos y muchas más bromas. El ambiente mejoraba cada vez más. Cuando los estudiantes reían y bromeaban unos con otros, Cecilia informó que el próximo destino sería el palacio de Bellas Artes.
El camión se detuvo y los estudiantes ansiosos por bajar empezaron a levantarse de sus asientos. Cuando todos se encontraban abajo, se informó que el tiempo para comer y visitar esa zona sería de dos horas. Cada grupo de dispersó, muchos de los jóvenes visitaron el palacio de Bellas Artes, otros tantos decidieron visitar la Torre Latinoamericana y otros más dispusieron su tiempo en buscar un sitio a donde comer o beber algo.
El reloj marcaba las cinco y media de la tarde y los primeros estudiantes empezaron a aparecer. Poco a poco el grupo fue subiendo al camión. Seis de la tarde fue cuando el camión tomó rumbo de nuevo a la Facultad de Comunicación de la BUAP.
El tráfico era pesado para poder salir del Distrito Federal. Nuevamente las pantallas del camión se iluminaron con la primera película, una gente infiltrado que buscaba hacer el bien. El ambiente en la parte final del camión se escuchaba como si hubiese una fiesta, música, canto, risas, bromas y muchas cosas más se vieron. Los estudiantes no paraban de reír cuando la película daba su cierre.
La última película daba inicio y la fiesta en el camión seguía, los estudiantes llevaban poco más de dos horas y media riendo y cantando, cuando uno de ellos, por alguna bebida en mal estado o algún alimento descompuesto volvió el estomago en el baño del camión.
Luego de cuatro horas y entre risas, bromas y cantos, los jóvenes universitarios llegarían a su destino. De regreso en la Facultad de Comunicación de la BUAP de donde había comenzado el viaje.
Los jóvenes cansados poco a poco fueron descendiendo del camión para así abrirse camino cada uno a su casa.




