La tarde fría y lúgubre caía en el centro histórico de la ciudad de Puebla. Entre risas y el olor a incienso, las tradiciones mexicanas se llevaban a cabo. Desde la pequeña ofrenda para la abuela hasta la gran ofrenda a los estudiantes desaparecidos en Ayotzinapa.
Fue al rededor de las 19 hrs cuando las primeras ofrendas fueron puestas, una que llamó poderosamente mi atención desde un inicio fue la puesta a la memoria del actor mexicano Ramón Valdés. En la ofrenda se veían frutos como la caña, manzana, la tradicional flor de cempasúchil, un paquete de cigarrillos marca Delicados, un plato de mole, un vaso de agua, cerveza clara y oscura, un jersey del Necaxa de los años 90´s con 5 palabras que el actor a menudo decía como su icónico personaje Don Ramón, en la cual se leía "Yo le voy al Necaxa". También se dejaba ver un sombrero estilo pescador, azul, como el personaje lo llevaba en aquellos años, además de una playera negra y unos jeans viejos y maltratados por el paso del tiempo. Y como cereza en la ofrenda pintoresca y muy mexicana, aparecía un retrato del actor como se le recuerda, sonriendo.En un desfile de personalidades que ya no están y que fueron puestas en ofrendas aparecían; María Feliz, Pedro Infante, Cantinflas, Chespirito, José Alfredo Jiménez,etc. Los jóvenes disfrazados o camuflados de muerte y catrinas te hacían el recorrido por el lugar, llevándote ya fuera a su ofrenda o explicando de quién era dicha ofrenda y qué había hecho en sus años de vida.
En el lugar podías comer un tamal o un café para seguir admirando las ofrendas que seguramente llevaban más de dos días de planes para ponerlas y dedicar a quién ponerla. Me disponía yo a escuchar y ver la ofrenda puesta a José Alfredo cuando se escuchó "La llorona" en voz de una Chavela Vergas que tenía un lugar dentro de las múltiples ofrendas.
La "Chamana" tenía un luz que iluminaba el retrato puesto sobre la pequeña mesa de madera, a un lado de este retrato aparecía Frida Kahlo, quien tenía su propia ofrenda lejos de donde cuento ésta. La relación de amistad y de amantes obligaba a Frida aparecerse por donde Chavela Vargas.Fue una ofrenda muy pequeña para el tamaño de mujer que fue Chavela Vargas quien cumplía tres años de fallecida. En la mesa además del retrato sonriente de la "Vargas" aparecía un catrina muy pintoresca y muy bien detallada, además de una pipa, pan de muerto, música y una botella de tequila, del tequila que ella misma contó alguna vez frente a la cámara había tomado con José Alfredo.
Me pareció un gesto muy atinado el haber juntado la vida de Isabel Vargas Lizano, la costarricense más mexicana de todas, a las tradiciones mexicanas que ella tanto quería y que expresaba cada vez que subía a un escenario.
La música de chavela vargas le ponía cierto ambiente de tristeza, la tristeza que chavela sacaba por la boca. Parecía que no a todas las personas les parecía, y al despedirme de la ofrenda de Chavela, vino a mí el recuerdo de un amigo de Chavela Vargas que ya cantaba con ella "Noches de boda". Joaquín Sabina y su música apareció y de ese mismo modo llegué a otro amigo en común de esos dos, Javier Krahe.
Javier Krahe, fallecido el 12 de julio de este año y quien lamentablemente no tenía un lugar en las ofrendas mexicanas, tal vez por su desconocimiento hacía el cantante español o a que realmente no es escuchado por muchos el tipo de música que él solía cantar.
Disponía yo a salir del evento cuando una parte de Aracataca apareció, Gabriel García Márquez junto a algunas de sus obras justo frente a mí. Una cruz hecha por veladoras, para iluminar el camino, pétalos de las flores, fruta, agua, sal, incienso, calaveritas de azucar y mariposas amarillas, esas que "El Gabo" nos contaba dentro de sus obras literarias.
La fotografía de Gabriel García nos hacía verlo con el ceño fruncido y una sonrisa. Tras ésta, habían lapidas con algunos epitafios tomados de sus libros.
Al rededor de esta ofrenda aparecían hombres, mujeres, niños y niñas, como también ancianas y ancianos.
Como diciendo a la memoria de Gabriel García que él es para todos, que puedes leerle en la infancia, en la adultez o en la senectud y siempre ha de cambiar el punto de vista del titulo leído.
Eso me pareció muy lindo, ver hasta tres generaciones observar a Gabriel. Algo que el colombiano en sus años como escritor logró y logrará luego de su fallecimiento en 2014.


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